Como Verdolaga

La Asociación Nacional de Comerciantes Dominicanos Unidos (Ancodomu) demandó al Gobierno crear un organismo interinstitucional que analice el impacto económico, social y legal de la expansión de los comercios chinos en República Dominicana y plantee soluciones para proteger al comercio y al aparato productivo nacional.
Y es que la llegada y expansión de empresas y comercios chinos en la República Dominicana ha generado una pregunta legítima: ¿deben los comerciantes tener miedo? La respuesta no debería ser ni xenófoba ni ingenua. No se trata de tenerle miedo a un pueblo, sino de preguntarnos si nuestro país está preparado para competir, regular y proteger sus propios intereses.
Los negocios chinos han ganado espacio en distintos sectores: tiendas, supermercados, restaurantes, tecnología, comercio mayorista, vehículos y otras áreas de la economía. Muchos consumidores los prefieren por sus precios competitivos y por la variedad de productos que ofrecen. Y mientras exista competencia dentro de las reglas, el consumidor también puede beneficiarse.
Pero aquí aparece el verdadero debate: ¿existen las mismas reglas para todos?
El pequeño comerciante dominicano tiene que pagar impuestos, cumplir regulaciones, asumir costos laborales, alquileres, electricidad y múltiples obligaciones. Si una empresa extranjera opera bajo las mismas condiciones, bienvenida sea la competencia.
Pero si existen privilegios, evasión, subvaluación de mercancías, competencia desleal o cualquier mecanismo que coloque a unos comerciantes en ventaja injustificada, entonces el Estado tiene la obligación de intervenir.
Tampoco podemos ignorar el componente estratégico. China es una potencia económica mundial y su presencia comercial no ocurre solamente en nuestro país. Por eso, República Dominicana necesita una política clara de inversión extranjera que permita aprovechar el capital, la tecnología y los empleos que puedan generar esas inversiones, pero sin convertirnos en un mercado dependiente.
No debemos tener miedo a los chinos; debemos tener respeto por nuestros propios intereses nacionales.
La solución tampoco es cerrar las puertas. El aislamiento económico sería un error. Lo correcto es abrirlas, pero con reglas claras: igualdad tributaria, transparencia, protección al consumidor, cumplimiento laboral, controles aduaneros eficientes y una competencia verdaderamente justa.
Y hay otra pregunta que debemos hacernos: ¿por qué un negocio extranjero puede crecer tan rápidamente mientras tantos pequeños comerciantes dominicanos apenas sobreviven? Quizás el problema no sea solamente quién está llegando, sino las condiciones que estamos creando para quienes ya están aquí.
República Dominicana necesita inversión extranjera, pero también necesita empresarios dominicanos fuertes. Necesita comercio internacional, pero también producción nacional. Necesita competencia, pero una competencia donde las reglas sean iguales para todos.
Por eso, más que miedo, lo que debemos tener es vigilancia, inteligencia económica y visión de país.
Porque el problema no es que los negocios chinos crezcan. El problema sería que nosotros no crezcamos al mismo ritmo.
La verdad es que los comercios chinos se expanden por todo el país como si fuesen verdolaga, y que no me digan que el Gobierno no se está dando cuenta.