Operación Armum

La llamada Operación Armum ha dejado como resultado la ocupación de unas 200 armas de fuego, incluyendo de guerra, y alrededor de 40 mil municiones durante allanamientos realizados en armerías, pero, no es un simple operativo.
Estamos hablando de un asunto que toca directamente la seguridad de todos los dominicanos: el tráfico y desvío de armas y municiones hacia las manos equivocadas.
¿Cómo es posible que cantidades tan grandes de armas y municiones estén circulando fuera de los controles establecidos? ¿Quién las compra? ¿Quién las distribuye? ¿Y, sobre todo, dónde terminan?
No se puede combatir la delincuencia de manera efectiva mientras exista una puerta abierta para que las armas lleguen a delincuentes, organizaciones criminales y personas que las utilizan para imponer el miedo y la violencia.
La Operación Armum debe llegar hasta las últimas consecuencias. No basta con ocupar armas, municiones y documentos. Hay que determinar responsabilidades, identificar las redes de suministro y establecer quiénes se benefician con este negocio.
Quienes utilizan una actividad comercial para alimentar mercados clandestinos deben enfrentar todo el peso de la ley.
El Estado tiene la obligación de controlar las armas que entran, circulan y salen del país. Y las instituciones responsables deben coordinarse para impedir que las municiones terminen fortaleciendo el poder de los delincuentes.
Cada arma que llega ilegalmente a la calle se convierte en una amenaza para la familia, un policía, un comerciante o cualquier ciudadano.
La lucha contra la delincuencia comienza también por cerrar las vías que alimentan su capacidad de fuego.
Operación Armum debe ser apenas el comienzo. La sociedad dominicana necesita saber de dónde vienen esas armas, hacia dónde van y quiénes estan detrás del negocio.
Cuando se trafica con armas, no se trafica solamente con metal y municiones: se trafica con violencia, con miedo y con vidas humanas, como en Haití, por ejemplo.