¿Creole obligatorio?

En el Congreso Nacional se ha planteado un proyecto que busca hacer obligatoria la enseñanza del creole en las escuelas dominicanas.
Aprender idiomas es algo positivo. Nadie puede negar que dominar otras lenguas abre puertas, facilita la comunicación y ofrece nuevas oportunidades.
Pero la pregunta que debemos hacernos es otra:
¿Está preparado nuestro sistema educativo para asumir una nueva enseñanza obligatoria?
Hoy tenemos escuelas que todavía enfrentan grandes dificultades. Niños con problemas de comprensión lectora, deficiencias en matemáticas, dificultades en ciencias y enormes retos en el aprendizaje del inglés y las competencias tecnológicas.
Entonces, antes de agregar una nueva asignatura, debemos preguntarnos:
¿Tenemos suficientes maestros preparados para enseñar creole?
¿Tenemos los recursos, los programas y los materiales necesarios?
¿Y cuál será el impacto sobre las demás asignaturas?
Aprender creole no debe convertirse en un motivo de discriminación contra el pueblo haitiano, ni tampoco en una discusión cargada de prejuicios.
Pero tampoco podemos aprobar una reforma educativa simplemente porque parezca políticamente conveniente.
La educación necesita planificación.
El creole puede ser útil, especialmente en las zonas fronterizas y en determinadas áreas comerciales, laborales y sociales.
Pero una cosa es reconocer su utilidad y otra convertirlo en una obligación nacional para todos los estudiantes.
República Dominicana necesita jóvenes que, primero, dominen perfectamente el español, que tengan acceso al inglés, que puedan aprender francés y otras lenguas, pero sobre todo que tengan una educación de calidad.
Por eso, este proyecto debe ser debatido con seriedad, escuchando a los maestros, a los padres, a los especialistas y a las universidades.
No se trata de estar a favor o en contra del creole.
Se trata de preguntarnos qué necesita realmente nuestra educación.
Porque antes de llenar las aulas de nuevas asignaturas, debemos asegurarnos de que nuestros niños estén aprendiendo bien las que ya tienen.
La educación dominicana no necesita improvisaciones.
Lo que realmente necesitamos es calidad, planificación y resultados que demuestren que nuestros estudiantes son excelentes.